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INTERCAMBIO ESPAÑA - ALEMANIA 2015/16
intercambio_ellwangen.jpgEl 19 de abril de este último curso, alumnos de cuarto de la ESO y de primero de bachillerato pusimos rumbo a Alemania. Fue un viaje largo y cargado de nerviosismo, aunque la peor parte ya se la habían llevado los estudiantes alemanes, que habían venido a España en noviembre del año anterior, cuando todos y todo les resultaba desconocido.

Por suerte, recibimos una cálida bienvenida por parte de las familias, y la convivencia con nuestros respectivos estudiantes resultó bastante fácil en la mayoría de los casos.

Es cierto que a la hora de acoger a una persona en tu propia casa uno siente mayor seguridad, y no supimos cómo debieron haberse sentido ellos al principio hasta que no nos pusimos en su piel; las costumbres de cada país varían y pueden llegar a desconcertarnos, como el hecho de que haya que descalzarse para entrar en la casa, que hablen en un tono bastante más bajo que el nuestro, o que tan solo beban agua con gas. Y, de verdad, esto último puede llegar a ser muy frustrante, sobre todo si te miran como si fueras tú el raro porque bebes “simple agua normal”.

El instituto alemán estaba en Ellwangen, pero casi ninguno de ellos vivía en esta ciudad. Todos venían de pueblos de alrededor. Hay que destacar que la zona en sí era preciosa: verde, frondosa y encantadora. De hecho, algunos de nosotros nos sentíamos tan a gusto en este lugar que tan solo encontramos dos desventajas a la hora de vivir ahí: el olor a vaca que se percibía de vez en cuando en el ambiente y el transporte público, ya que los autobuses dejaban de pasar relativamente pronto y los trenes no eran precisamente como los de Renfe.

En el programa del intercambio hubo algunas actividades bastante interesantes. Fuimos a ver Ulm, que a mi juicio es una ciudad preciosa, y también visitamos Stuttgart. Ahí hicimos un juego que era básicamente un pilla-pilla subterráneo, en el que un equipo huía de metro en metro y los demás tenían que alcanzarlo a partir de su ubicación. Apenas pudimos visitar la ciudad en sí, ¡pero nos aprendimos el mapa del metro de memoria!

Ahora sí, la experiencia global del intercambio ha sido increíble. Ya no es sólo hablar del viaje a Alemania, sino también de los días en los que ellos estuvieron aquí. Aunque hayan sido únicamente dos semanas, ha sido suficiente para hacer nuevos amigos, y esperemos que la despedida del 26 de abril no haya sido definitiva. Y más vale que el sentimiento sea mutuo, porque nosotros somos su camino más seguro hacia esa tortilla de patata que tanto les gustó durante su estancia en España.

En cuanto a idiomas, ha sido una gran oportunidad para ellos de aprender algo más de español y para nosotros de inglés, dado que los estudiantes alemanes lo hablaban con bastante fluidez. ¡Y algunas palabras o expresiones en alemán nunca vienen mal!
Para concluir, debo decir que, en mi opinión, son esta clase de vivencias las que se te quedan grabadas en la memoria. Dejando a un lado el hecho de que haya o no reencuentros, un intercambio siempre va a ser algo para recordar.

Ana Sánchez Malmierca.